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Píndaro

Encomio a Teóxeno de Ténedos


Debe ser cosechada en su estación la fruta del amor,
alma: en la juventud.
Pero aquél que fijándose en los rayos fulgentes como gemas
del mirar de Teóxeno
no sucumbe a las olas del deseo, con acero o con hierro
el negro corazón tiene forjado


en una llama gélida, en desgracia caído ante Afrodita
la de vívidos párpados,
o bien por la riqueza ferozmente se afana
o audacia de mujer
le va arrastrando el alma, sumisa en toda ruta. En cambio yo
por el calor mordido, como cera


de sagradas abejas me derrito por causa de Afrodita
cuando pongo mis ojos en los cuerpos
frescos y adolescentes de los jóvenes: en Ténedos al hijo
de Agesilao han dado residencia
Persuasión y la Gracia.


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