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La Toma de Granada

El dos de enero se conmemoraba oficialmente en Granada la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos hace ya más de medio milenio. La celebración lleva varios años envuelta en polémicas. Muchos coinciden con Mohammad Ibn Azzuz, decano de los hispanistas árabes, que declaraba en el diario Ideal que la Toma es un acto inamistoso hacia el pueblo musulmán y que el concepto de reconquista de ocho siglos debería sustituirse por el de guerras civiles entre españoles católicos y españoles musulmanes. En Granada se constituyó una plataforma de intelectuales para contestar el sentido de la Toma y proponer la sustitución de la idea de conquista por la de tolerancia y convivencia.

La polémica llama a la polémica. La tremolación de los pendones venía siendo coreada por abucheos; este año, en el otro polo, ha aparecido una bochornosa camarilla de ultras que avisaba del peligro de invasión por los inmigrantes: lamentable.

Si nos ponemos radicales, hay que reconocer que todas las fiestas se insertan en tradiciones discutibles. La mayor parte de los días festivos civiles pertenecen al calendario cristiano, con su innegable trasfondo político. La anacrónica Toma de Granada, como todas las fiestas, fue en su origen una afirmación de soberanía política y religiosa. La fiesta de hoy, día de los Reyes Magos, sin ir más lejos, que celebramos tirios y troyanos con sabrosos roscones y aludes de juguetería, ¿resistiría una revisión histórica similar? ¿Qué simboliza la adoración de los Magos si no es la humillación simbólica de la sabiduría oriental ante la llegada de un Mesías hebreo? Los Reyes Magos acaban de desfilar por las mismas calles granadinas por las que circuló la comitiva del dos de enero. Y a nadie se le ocurre recomendar su abolición. ( Sólo el muy conmemorado Luis Cernuda supo cifrar la decepción de los Magos ante la miseria humana en su excelente poema -este sí radical- "La adoración de los Magos")

Me parece muy bien la existencia de una plataforma crítica contra los excesos del festejo, siempre que se reconozca de qué razones se nutre su rechazo. El rechazo no se cimenta sólo en las recientes nociones de multiculturalidad o en la corrección política. En los actuales habitantes de lo que fuera el reino de Granada sigue operando una visión decimonónica y romántica de lo morisco. Tenemos una imagen de la cultura hispanoárabe que debe más a los cuentos de Washington Irving y al orientalismo afrancesado de los dramaturgos modernistas que a un conocimiento histórico serio del pasado. Nuestro tiempo mítico es "el tiempo de los moros". Al Andalus siempre se ha estudiado mal en las escuelas. Además hay que añadir alguna inconsistente revisión nacionalista. Todo ello da lugar a manifestaciones fuertemente exóticas como la carta enviada desde algún punto de Málaga hace unos días a un diario nacional que venía a decir que los Reyes Católicos habían pisoteado a "nuestro pueblo andaluz".

¿Cómo sería hoy el reino de Granada si los Reyes Católicos no hubieran entrado en 1492? ¿Habría sido posible, andando el tiempo, un personaje como el de Mariana Pineda? Pues eso pedían en Granada el pasado día dos los opositores a los festejos de la Toma con una gran pancarta: "Mariana Pineda, fiesta local ya". ¿En qué quedamos? ¿Nos avergonzamos de la historia o sólo del modo de recordarla?

Viva Mariana Pineda, de momento.

Aurora Luque

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